John Cleese sobre la creatividad

Mi familia tiene estas cosas: todo el clan Valverde se fue al cine a ver la Vida de Brian, en VOSE, y salvo mi madre (que es más de ironía) la tienen en los altares de la comedia.

Mónica, de la empresa de formación con la que más trabajo, se parte de risa cada vez que llama el de recursos humanos de la UNWOT, porque se llama Brian y le bailan las erres.

Cuando los Monty Python se pusieron a parodiar el entorno empresarial (recursos humanos, gestión de equipos) dio la impresión de que esos tipos tan raros tenían mucho más qué decir sobre algunos temas.

John Cleese es, de los que quedan vivos, la cara más reconocible del grupo inglés (Terry Gillian se escon- de demasiado tras la cámara), y no es difícil verlo invitado en jornadas sobre humor o creatividad (y por tanto, en Youtube).

En esta ocasión, aderezándolo con su humor tan caracterísico (y fino, fino lo que más), viene a ofrecernos un recetario para el proceso creativo basado en su propia experiencia. Lo comprensible, lo razonable y sobre todo lo cercano de la explicación nos hace asentir la cabeza pensando “qué razón tiene” en lugar del “otra vez lo mismo” que nos suele suceder.

Mi profesor de batería me decía hace veinte años “lección dormida, lección aprendida” cuando un ejer- cicio que no me salía el martes me quedaba el jueves de rosas. Cualquiera hemos oído, si no dicho, eso de “tengo que consultarlo con la almohada”. En inglés, ese lenguaje que aprendemos en España a base de gramática en lugar de conversando, dice “I have to sleep on it”. Que viene a ser lo mismo.

Más allá de las recetas, quizá más evidentes, de generar lapsos de tiempo y espacio para crear, evitando así ser interrumpidos (fatal para el proceso creativo eso de la interrupción, según Cleese), es estupenda su reflexión sobre lo que nuestra propia cultura aporta a las soluciones del problema. Atascarse por la noche y verlo claro desayunando, o hacerse un guión, perderlo y redactar uno nuevo que resulta ser mejor que el anterior no son sino demostraciones de que todo lo que somos, sabemos (hemos aprendido, visto, oído…) viene a ayudarnos a la hora de encontrar la solución que estamos buscando. Que la creación no es cosa de un momento, sino de una suma de momentos y saberes que desembocarán en una respuesta final.

Curioso el aparte sobre que para saber hablar de algo hay que saber de ese algo (muy simplificado lo he puesto). Presentado en dos casos: el jefe que critica cosas de las que no tiene ni idea, y profesores que en la escuela no premian ni alientan la creatividad porque ellos mismos no son creativos en absoluto. Mucho le gustaría a Ken Robinso este razonamiento…

Siempre se aprende algo de estos ex-Monty Pythons sueltos. Aunque sólo sea el afrontarlo todo con sentido del humor… que no es poca cosa.


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